La sismicidad en el Occidente de Venezuela

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La sismicidad en el Occidente de Venezuela

Mensaje por Redpres Prensa el Lun 16 Mayo 2011, 2:05 am

La sismicidad en el Occidente de Venezuela


16 Mayo 2011 | Celeste.ciens.ula.ve

El registro histórico de la sismicidad en Venezuela comienza, aproximadamente, en 1590, despues de la llegada de los primeros colonizadores españoles. En la zona andina se puede hablar de que esta historia comienza en el año de 1.599, con el reporte de un terremoto que sacudió a La Grita y otros pueblos de Mérida. El siguiente evento de que se tiene noticias ocurrió en 1.610, cuando los cronistas reportaron detalles de un terremoto desastroso al cual se le asignó, de acuerdo con estudios recientes de la distribución de daños e intensidades sísmicas de ese sismo, una magnitud de 7.3 grados en la escala de Richter. Desde ese entonces hasta la presente fecha han ocurrido en la zona al menos otros 7 eventos sísmicos de características destructoras (por ejemplo los eventos de los años 1.644, 1.775, 1.812, 1.834, 1.845, 1.894, 1.932), entre los que destaca el ocurrido en el año de 1.812, en plena gesta independentista de Venezuela. Sin embargo, debido a la escasa población existente hasta épocas relativamente recientes, la historia sísmica del país es bastante incompleta, ya que sólo alcanzaron a registrarse los eventos más grandes. Este registro muestra una secuencia de terremotos de moderados a grandes, que ha sido resumida por varios autores (Febres-Cordero, 1931; Centeno-Grau, 1940; Fiedler, 1961; Cluff y Hansen, 1969; Dewey, 1972; Grases, 1980).

El mayor terremoto (magnitud Richter promedio 8.0) registrado en Venezuela ocurrió el 26 de Marzo de 1812. Este evento destruyó las ciudades más importantes situadas a lo largo de la Zona de Fallas de Boconó, desde Mérida hasta Caracas, cubriendo una distancia de aproximadamente 600 km. Alrededor de 26.000 personas murieron, lo que representaba entre 5% y el 10% de la población total de Venezuela para la época. La concentración de los daños a lo largo de un corredor paralelo al eje de los Andes Venezolanos y su prolongación por la costa del Caribe, claramente sugiere que este terremoto ocurrió en un segmento de la zona de fallas de Boconó. A partir del daño reportado, especialmente en las ciudades de Mérida, San Felipe-Barquisimeto y Caracas, inicialmente se pensó que éste fue un evento multifocal con epicentros cerca de esas ciudades (Fiedler., 1961). Esta hipótesis, sin embargo, fue posteriormente cuestionada por Cluff & Hansen (1969), y más recientemente, por Aggarwal (1983), quienes, al igual que nosotros, consideran que se trató más bien de un solo evento con una ruptura de falla que se extendió desde el epicentro, cerca y al suroeste de Mérida, hasta Caracas, cubriendo así una distancia similar a la del gran terremoto de 1906 en la Falla de San Andrés (California, USA).


El último gran terremoto registrado en los Andes Venezolanos fue el evento de magnitud 7 ocurrido el 26 de Abril de 1894, con un epicentro también cercano y al suroeste de Mérida. En esta oportunidad murieron unas 350 personas y varias poblaciones y aldeas fueron destruidas dentro de una amplia región comprendida entre Tovar y Mérida por el sureste y la zona sur del Lago de Maracaibo por el noroeste. En esa oportunidad fueron destruidas las poblaciones de Tovar, Santa Cruz de Mora, Mesa Bolívar, Chiguará y Mérida, por mencionar sólo las más importantes. El área de daños de este evento fue calculada por Centeno Grau (1.940) en unos siete mil kilómetros cuadrados, abarcando desde Trujillo en Venezuela, donde se derrumbó la torre de la iglesia de San Francisco, hasta cerca de Pamplona (en Colombia), siendo especialmente intenso en la región comprendida entre Bailadores y Tabay (en ambas pueblos se derrumbaron las iglesias).

La Figura 2 muestra un mapa del occidente de Venezuela, donde se han ubicado los sismos más significativos (M>5.7) registrados entre 1600 y 1980. En el presente, toda la zona de fallas de Boconó, desde la depresión del Táchira en su extremo suroeste hasta el Mar Caribe al noreste, es sísmicamente activa. La mayoría de los eventos más grandes se alinean bien con la traza principal de la Falla de Boconó, mientras que los más pequeños, así como unos pocos grandes, están dispersos dentro de un corredor de varias decenas de kilómetros de ancho, adyacente a esta traza, lo que indica que muchas de sus fallas subsidiarias son igualmente activas. La mayoría de los terremotos registrados a lo largo de la traza principal de la falla son eventos superficiales (profundidad promedio de unos 15 km). Las profundidades tienden a crecer para los eventos más grandes hacia el noroeste (cuenca del Lago de Maracaibo) y hacia el sureste (cuenca de Barinas) de la zona de fallas de Boconó, alcanzando profundidades que llegan a superar los 40 Km.


Hacia el extremo suroeste de los Andes Venezolanos, ya en territorio colombiano, existe una zona sísmica de profundidades intermedias ( ~ 160 Km.), debajo del extremo norte de la Cordillera Oriental de Colombia y la Sierra de Perijá, cerca de la ciudad de Bucaramanga, que incluye una notable concentración de eventos conocida como el Nido o Foco de Bucaramanga (Schneider, Pennington and Meyer, 1987). Muchos de los eventos de esta fuente sísmica son registrados casi a diario en las estaciones sismográficas del Occidente de Venezuela, con tal constancia y precisión que en repetidas oportunidades se ha sugerido utilizar el Nido como una fuente controlada para estudios corticales en ambos países.

La Figura 3 muestra la distribución espacio-temporal de la sismicidad en la región. Allí se observa que la actividad más intensa está ubicada hacia el extremo suroeste de la zona de fallas, especialmente entre las ciudades de San Cristóbal (frontera con Colombia) y Mérida. La mayoría de los terremotos más grandes han ocurrido en este segmento. Durante los últimos 150 años una zona de calma sísmica pareciera haber existido en la parte central de los Andes Venezolanos, aproximadamente entre las ciudades de Mérida y Boconó (~ 130 Km.), donde no se han registrado sismos mayores desde aproximadamente 1830.


El registro de la actividad sísmica mediante redes sismográficas locales durante los últimos 12 años, muestra que en la actualidad la actividad microsísmica ocurre, fundamentalmente, a través de tormentas locales que tienden a durar alrededor de 2 ó 3 meses. Durante estas tormentas, decenas de microsismos alcanzan a ser registrados, permitiendo la elaboración de modelos sismotectónicos locales (Laffaille y Estévez, 1986).

El estudio de los mecanismos focales para eventos regionales (Molnar and Sykes, 1969; Isacks and Molnar, 1971; Dewey, 1972; Pennington, 1981) sugiere un fallamiento predominantemente lateral derecho a lo largo de la traza principal de la Falla de Boconó y fallamiento de empuje en sus flancos (Figura 4). Estos mismos mecanismos tienden a indicar un esfuerzo compresional promedio orientado aproximadamente en dirección este-oeste. Todos estos resultados apoyan la hipótesis de que la tectónica actual de la región está controlada, fundamentalmente, por un movimiento hacia el este de la Placa del Caribe en relación a la Placa Suramericana. Otros mecanismos focales, calculados por Laffaille (1981) y Laffaille y Estévez (1986) para eventos de menor magnitud dentro de la Zona de Fallas de Boconó, muestran soluciones correspondientes a una gran variedad de fallamiento normal e inverso, asociado a fallas subsidiarias y, particularmente, a cuencas de tracción y zonas de compresión, comunes en esta región.

Varios autores han estimado períodos de retorno para la ocurrencia de sismos dentro de la Zona de Fallas de Boconó. Comparando el desplazamiento de rasgos geomórficos con el desplazamiento correspondiente a una magnitud Richter dada, Cluff y Hansen (1969) y Schubert (1982) estimaron períodos de retorno de alrededor de 200 años para terremotos de magnitud 8. Por otra parte, basándose en la pendiente de la Curva Frecuencia-Magnitud Gutemberg-Richter (valor b), Cluff y Hansen (1969) obtuvieron intervalos de recurrencia de 200, 34 y 7 años para eventos de magnitudes 8, 7 y 6 respectivamente. Para este mismo rango de magnitudes, Aggarwal (1981) obtuvo valores de 430, 70 y 11 años respectivamente. Finalmente, considerando todo el intervalo de tiempo desde 1600 hasta 1980 y siguiendo un método propuesto por Steep (1972), Rengifo y Estévez (1987) obtuvieron valores de 460, 60 y 8 años para las mismas magnitudes. Estos resultados y consideraciones, más los obtenidos por Larotta en 1976, indican que la Zona de Fallas de Boconó debe ser clasificada como muy activa y potencialmente peligrosa. Probablemente el mismo tipo de razonamiento llevó a varios especialistas del Lamont-Doherty Geological Observatory de la Universidad de Columbia, USA (Lynn Sykes, Andrew Murphy, Beth Israel e inclusive su director Manik Talwani) a escribir un informe en Mayo de 1978, donde escribieron que "... La Falla de Boconó define una región donde podría esperarse un gran terremoto en el futuro, y el occidente de Venezuela debe ser considerado como una zona de alto riesgo sísmico" (traducción libre).


Artículo Relacionado:
Los sismos del 26 de marzo de 1812 en Venezuela: nuevos aportes y evidencias sobre estos eventos

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Fuente:
http://celeste.ciens.ula.ve/

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