Profecía de Einstein: "La desaparición de la abeja entrañará la del polen, las flores, la miel... el hombre"

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Profecía de Einstein: "La desaparición de la abeja entrañará la del polen, las flores, la miel... el hombre"

Mensaje por RedPres Prensa el Lun 19 Sep 2011, 3:17 pm

Profecía de Einstein: "La desaparición de la abeja entrañará la del polen, las flores, la miel... el hombre"


19 Septiembre 2011 | Diasporaweb |

La proliferación de los insecticidas, pesticidas y alimentos transgénicos ha provocado un síndrome nefasto en la colmena. Determinados productos hacen que la abeja no encuentre el camino a casa al perder la memoria y muere fuera de la colmena

Albert Einstein previno a la humanidad: “si la abeja desapareciera de la superficie del globo, el hombre no tendría más que cuatro años para vivir. No más polinización, no más hierba, no más flores, no más animales, no más hombres”.

Más del 75% de los cultivos que nutren la humanidad y el 35% de la producción de alimentos dependen todavía de los polinizadores más activos, las abejas. Pero las abejas están desapareciendo. El único enemigo verdadero de la abeja, su solo predador a escala planetaria, es el hombre moderno.

Motín en las colmenas: las abejas se escapan sin que muchos sepan por qué

Las abejas desertan por decenas de millones. Las colmenas se vacían. Es una nueva catástrofe para el universo apícola (y sin duda para el mundo entero) puesto que el desastre es de amplitud planetaria. Al principio se llamó al fenómeno “el síndrome del colapso de las colonias”. Pero pronto apareció el culpable. Lo explicaremos.

En los EE.UU. los expertos apícolas dijeron estar desorientados. Hasta invocaron un “misterio” porque, las abejas desaparecían casi siempre “limpiamente” sin dejar cadáveres. No es que las colmenas llenas de miel y de polen fueran saqueadas por otras abejas u otros insectos. El fenómeno de la abeja africana invasora se ha dado, pero está identificado y en vías de control. Era una maldición extraña para la gente -pero no tanto para los estudiosos- la que se cernía sobre las colmenas.


Sin embargo, los expertos apícolas no trataron de encontrar la poción milagrosa, para salvar su industria de la ruina que es como la calificaban. Empezaron por poner sobre la huella de las abejas dadas por desaparecidas a los mejores detectives-virólogos. El reto era inmenso: no hay abejas, no hay polinización, no hay cosechas, no hay dólares. El bípedo que se autoproclamaba señor a escala planetaria de las abejas estaba muy enojado. Las abejas hacían la huelga de la polinización y las más indignadas se negaban a siquiera a libar. ¿Qué estaba pasando?

No había el menor agradecimiento por parte de las abejas, las trabajadoras de su “industria apícola”, hacia Él, el gran apicultor, que las mimó durante decenas de años dándoles...

- un hogar: con bellas colmenas todas cuadradas.

- las mejores medicinas: los antibióticos más potentes (como la terramicina) y los acaricidas más performantes (Apistan y el muy novedoso Hivastan)

- alimento a saciedad: sabroso azúcar blanco de remolacha, jarabe de maíz procesado a partir de los mejores caldos transgénicos y, claro está, complementos nutricionales (elaborados, en los EE.UU., a partir de aceite de algodón transgénico, de aceite de soja transgénica, de aceite de colza transgénica…).

- viajes todo pagado sobre miles de kilómetros para descubrir los desiertos agrícolas occidentales.

- un botín asegurado gracias a los monocultivos tan extensos que se pierden de vista al salir de la colmena.

- polen y néctar enriquecidos con un cóctel de moléculas aperitivas: fungicidas, insecticidas, herbicidas.

- procreación asistida con una selección de las mejores reinas inseminadas artificialmente.

Una catástrofe dentro de poco planetaria... si...

En diciembre 2006, la universidad de Pensilvania hizo una encuesta estudiando a varios apicultores de la región este del país. Estos apicultores (dueños de 200 a 3000 colmenas) habían perdido del 30% hasta 90% de su colmenar. A uno de ellos, de 1200 solamente le habían sobrevivido nueve colonias

En el conjunto de los EE.UU. desde el final del otoño 2006 las pérdidas registradas fueron del orden del 60 % en la costa oeste hasta el 90 % en algunos estados del este y del sur del país. Según las estimaciones, fueron cerca de 1, 5 millones de colonias que habrían desaparecido en EE.UU. y 27 estados estaban afectados. Eso en solo unos meses.

El número de colmenas era de 6 millones en 1947 y bajó a 2, 4 millones en 2006.

En Francia, la pérdida de colonias se estima entre 300.000 y 400.000 cada año, y esto desde 1995. El invierno 2005/2006 fue particularmente dramático: desaparecieron de 15 a 95% de las colonias, según los apicultores. Y lo mismo ocurrió en la Martinica donde se perdieron todas en el espacio de unos meses.

En Canadá, se ha perdido a nivel nacional el 40% un promedio de 40%. Por ejemplo en Quebec las colmenas estaban prácticamente vacías el pasado invierno y en Ontario más o menos lo mismo.


España siguió la pauta general de Europa. Pero ya se había puesto el dedo en la llaga: la intolerancia de la abeja hacia los transgénicos

En España había 600.000 colmenas vacías en 2008-2009. Aquí nadie se libra.

En Alemania, según Manfred Hederer, presidente de la Asociación Alemana de Apicultores, el 25% de las colonias habrían sido diezmadas pero algunos apicultores reportaban hasta el 80% de pérdidas de sus colmenas. Y en otras partes, como por ejemplo en Taiwan o en Suiza se publicaban informes de una misteriosa desaparición de las abejas de hasta un 80%. Eso fue particularmente dramático para los apicultores helvéticos. Había 45.000 apicultores en Suiza en 1900. Sólo quedan ahora 19.000 pero esta cifra está a la baja. Entre las dos guerras mundiales había 350.000 colmenas. Hoy, sólo quedan 190.000. El síndrome del colapso de las colmenas hizo estragos en toda Europa.

Si no hay polinizadores, no hay cultivos. Si no hay abejas no hay polinizadores: he aquí la ecuación del desastre

“Más del 75% de los cultivos que nutren la humanidad y el 35% de la producción de alimento dependen de los polinizadores, es decir, mayormente de las abejas.

En todo el planeta, las abejas son las portadoras de polen, ellas son las especialistas por excelencia es el panorama que pinta Bernard Vaissière, mejor especialista de los polinizadores del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria)

Pero las prácticas de producción y los paisajes agrícolas que resultan han evolucionado estos últimos años -con las técnicas de ingeniería genética (OGM)- de tal manera que ahora los polinizadores son casi siempre demasiado escasos para poder polinizar los cultivos de manera confiable y eficiente. ¿Por qué no decir de una vez por todas la verdad? Fue en EE.UU de donde salieron las medio verdades, el síndrome del colapso de la abejas fue calificado oficialmente de “desorden”.

Pero ¿no era más verdad que el colapso de las colmenas era indirectamente una protesta, un ultimátum desesperado de las abejas para despertar a la humanidad?

Volviendo a EE.UU al colapso lo llamaron “Colony Collapse Disorder” y reemplazó denominaciones tales como “colapso del otoño”, “Enfermedad de mayo”, “Enfermedad de desaparición”, etc… y en Inglaterra “María Celeste” (del nombre del barco cuyo equipaje se volatilizó en 1872)

¿Cuáles son los síntomas comunes a este síndrome?

- Ausencia total de insectos adultos en la colmena con pocas o ninguna abeja muerta, dentro o alrededor de la colmena.

El número demasiado restringido de las trabajadoras no les permite ocuparse debidamente de la colmena y las trabajadoras son principalmente jóvenes.

La reina está presente. Pero el enjambre se niega a consumir el alimento que le ha puesto el apicultor, tal como jarabe de maíz o suplementos proteínicos. Transgénicos.

- Se observan infecciones considerables en las escasas abejas que pueblan todavía la colmena. Todos los virus conocidos como nefastos para las abejas están presentes, así como hongos. Algunas abejas están afectadas por media docena de virus.

- No faltan reservas de alimentos dentro de la colmena, miel y polen que primero, no son saqueados inmediatamente por otras abejas y segundo, porque están atacados por parásitos tales como la Falsa Polilla (Galleria mellonella) o el Pequeño Coleóptero de las colmenas (Aethina tumida). Las colmenas, antes, estaban limpias salvo casos aislados libres de esos virus.

En Estados Unidos las abejas polinizan 90 plantas alimenticias. Se estiman en 14 mil millones de dólares el valor comercial de los cultivos que las abejas polinizan. En Florida, la cosecha de manzanas (polinizadas al 90% por las abejas), está amenazada. Solamente en el capítulo de las manzanas, el valor es de 2.000 millones de dólares.

Nuestros resultados aportan un vibrante recuerdo sobre el papel esencial que juegan los polinizadores en nuestra vida cotidiana, en particular a nivel de nuestra alimentación puesto que la actividad polinizadora nos permite tener numerosos productos alimenticios esenciales pero también agradables como el café y el chocolate y los frutos secos, y la mayor parte de las frutas y vegetales”.

En Estados Unidos de las 2, 5 millones de colmenas que hay en el país, se alquilan habitualmente 1, 5 millones para servicio de polinización. La situación es tan catastrófica que en 3 años el costo de renta de una colmena casi triplicó para llegar a 135 dólares.

En 2007, vista la emergencia, los apicultores de EE.UU llamaron a Australia para la importación masiva de colonias de abejas. La competencia hacía furor en abril entre los vergeles de manzana de los estados de Nueva York y de Pensilvania, y los productores de mirtillos en el estado de Maine.


Citando unas cuantas verdades básicas, (prohibidas en EE.UU.) del relativamente nuevo “Síndrome” o “las locuras genéticas”

Se ha comprobado en todo lo dicho en párrafos anteriores que las abejas desaparecen tanto en regiones agrícolas que antaño eran prósperas, como en regiones agrícolas casi sin cultivar por la invasión de locuras genéticas. También, naturalmente, en parcelas experimentales. ¿Existe entonces un denominador común?

El número de apicultores prósperos hoy en el paro es descomunal. Europa pierde colmenas todos los días. Diaspora ha elegido una zona de Europa como ejemplo de la verdad
Según el profesor emérito Joe Cummins, de la Universidad de Ontario, ese denominador común es: “El uso generalizado de semillas envueltas con pesticidas sistémicos tanto para los cultivos convencionales como para los cultivos genéticamente modificados; en particular, la aplicación muy común de una clase, relativamente novedosa, de insecticidas sistémicos, los Neonicotinoides, que son altamente tóxicos hasta en bajas concentraciones, para los insectos, en especial, las abejas.

Las envolturas con insecticidas sistémicas protegen las jóvenes plantas durante la primera fase, más vulnerable, de su desarrollo. Estas envolturas las constituyen insecticidas y fungicidas sistémicos, que actúan muchas veces en sinergia.

Los insecticidas de la clase citada de los Neonicotinoides incluyen la imidacloprida, el tiametoxam, el clotianidine y varios más. La imidacloprida es muy común para la envoltura de semillas de legumbres y de cultivos a campo abierto, en particular el maíz, la colza y el girasol.

La imidacloprida se detecta en los suelos, en los tejidos vegetales y en los pólenes usando la espectrometría de masa y la “cromatografía liquida de alto rendimiento”

Las tasas de concentración de insecticida en el polen llevan a pensar que las abejas podrían sufrir lesiones cerebrales.


Desde 2000, los apicultores de Francia e Italia descubrieron que la repetida imidacloprida era fatal para las abejas y sospecharon que este insecticida puede provocar el ocaso de las colonias afectando el sentido de orientación de la abeja y su capacidad de regresar a su colmena”. La abeja ha olvidado el camino de casa, como un niño perdido.

Numerosos estudios realizados en Europa pusieron en evidencia los daños de la imidacloprida:

- Un equipo de científicos descubrió que el polen producido por plantas procedentes de semillas envueltas con imidacloprida contenía concentraciones significativas del insecticida y sugirió que el polen contaminado era una de las principales causas del síndrome del colapso de las colonias. Quizás la sospecha duró demasiado hasta hacerse evidencia. El síndrome estaba naciendo.

- Análisis de girasol y de maíz procedentes de semillas envueltas con imidacloprida encontraron grandes cantidades del insecticida. Las abejas las introducían dentro de las colmenas.

- Las abejas nutridas con soluciones azucaradas conteniendo 500 o 1000 ppb (partes por mil millones) del insecticida eran incapaces totalmente de regresar a su colmena y terminaban por desaparecer totalmente extenuadas.

Las abejas nutridas con soluciones azucaradas que contenían solo 100 ppb (partes por mil millones) del insecticida tardaban en regresar y lo hacían sólo después de 24 horas. Se perdían el 35% en el camino.

- Abejas nutridas en laboratorio con soluciones conteniendo imidacloprida perdían su capacidad de comunicación durante varias horas. Se hicieron estudios similares con resultados casi idénticos en colmenas de abejas que recibieron el impacto de ese pesticida en Inglaterra y en Grecia. Y gracias a informes muy detallados editados en esos países otros apicultores europeos se enteraron alarmados de las verdaderas causas de la situación.

De hecho, la primera debilidad de la abeja es de ser un insecto y por lo tanto de ser altamente susceptible a los insecticidas. Su segunda flaqueza es su poca capacidad para resistir o para mutar. Por lo menos, los demás insectos “salvajes” han guardado esa capacidad de mutar muy rápidamente. Y no se privan de hacerlo.

La desorientación causada por el imidacloprida3 tiene los mismos efectos en las termitas que en las avispas en cuanto a la desorientación para volver al termitero.

En el banquillo de los acusados jamás se sentará el todopoderoso Monsanto: es testigo protegido

Vamos a hacer un breve recorrido por diversos estados de EE.UU. Esto es un breve prólogo de la impunidad nacional de la transnacional Monsanto.

En Carolina del Norte, se ha comprobado que la la sinergia de los neonicotinoides con fungicidas muy comunes (tales como Terraguard y Procure) acrecientan 1000 veces la toxicidad de estos pesticidas.

Según Jerry Hayes, responsable de la sección apícola de los servicios agrícolas del estado de Florida, el imidacloprida se usa ahora no sólo para la envoltura de las semillas, sino también en pulverizaciones foliares, en sistémicos y en sinergia con fungicidas. Este pesticida se encuentra sistemáticamente en el polen de las flores.

Puede que no sea mortal como dicen Monsanto y otros fabricantes pero causa la destrucción sistemática del cerebro de las abejas.

En Estados Unidos todas las semillas transgénicas de algodón, soja, maíz y colza están envueltas con neonicotinoides. Pero también lo están las zonas refugio. Estas se convierten en una especie de campo de la muerte-el Auschwitz o Guantanamo- para cientos de miles de abejas y otros polinizadores. Hasta tal punto que a partir del año 2000 han sido vetadas por la Agencia de Protección del Medio Ambiente pero esta no tiene ningún medio de verificar su aplicación, ni practica políticas de protección. Se remite cómodamente a las empresas de biotecnología, lo cual equivale a nombrar juez al verdugo.

Así, por ejemplo, Monsanto, uno de los grandes culpables de todo este desastre al vender semillas transgénicas a los agricultores y no sólo de EE.UU. les pide que siembren un 20% de su área cultivada con el fin de crear “refugios” para desalentar la evolución o ahuyentar los insectos resistentes a los transgénicos. Así la variedad OGM de Monsanto, el “YieldGard Corn Borer” (con un gen de Bt) debe sembrarse a razón del 80% de la superficie. Los agricultores que no respetan esta cláusula de Monsanto pueden ser sancionados (y lo son) negándoseles un acceso ulterior a la tecnología de esa multinacional. ¿Y por qué no se van a otro proveedor? -se preguntan los ingenuos-. Pues porque Monsanto monopoliza el mercado, apoyado por el estado.

Los temores de la Unión Nacional de la Apicultura Francesa (UNAF) estaban muy justificados.

En enero 2006, la Unión nacional de la apicultura francesa (Unaf, 2.000 miembros, y 48% de las colmenas francesas) expresaba sus temores de ver de nuevo autorizados determinados insecticidas.

A finales de enero 2007, el periódico on-line figaro.fr informaba que: “Los resultados de la encuesta multifactorial de la Afssa sobre los desórdenes de la abejas comprobados en Francia a mitad de los años 90 todavía ni se han visto. ¿Fueron editados y difundidos?. Misterio. Y mucho menos todavía el montón de datos acumulados entre 2002 y 2005. El atraso se atribuye oficialmente a problemas presupuestarios (?) ¿Problemas presupuestarios en la Afssa?

Posiblemente los apicultores deberían contribuir a que la verdad se publique (?) También la Afssa podría pedir una subvención a Bayer Crop Science. Es un chiste cruel: esa empresa no solo no tiene el menor interés en que la verdad salga a la luz, sino que pagaría para que quedara archivada hasta el año 3000.

El 2 de febrero 2007, una propuesta de resolución fue presentada a la Asamblea Nacional por el diputado Jacques Remillet, “pidiendo la creación de una comisión de encuesta sobre las causas del exceso de mortandad en las colmenas francesas”. Era un gesto raro en la UE, llena de adoradores de Monsanto. Ojala que todos los estados europeos incluida España tuvieran diputados que se ocupan de plantear esas “tonterías” en los parlamentos respectivos.

“Desde hace diez años, la apicultura en Europa y en Francia vive la crisis más grave de su historia. En Francia, 1500 apicultores paran su actividad cada año desde hace 20 años. Mientras que el promedio de edad aumenta para llegar hoy a los 65 años, 5.000 empleos relacionados con la apicultura están al borde del paro, directamente amenazados. Con 33.000 toneladas de miel producidas (alrededor de 33 kilos por colmena), la producción cayó 10.000 toneladas en 10 años, o sea, una baja de 1000 toneladas por año. De hecho, la producción de miel pasó de 33.000 toneladas a 16.500 toneladas, de 1995 a 2003.

La AFSSA emitió unas conclusiones que decían que las causas del exceso de mortandad de las abejas eran de origen multifactorial. No se podía invocar una causa única. Cínicamente indicaba que había examinado 125 colmenas de abejas llegando a las conclusiones que la muerte de esos animales se debía a muchos factores y muy difíciles de evaluar.

Según los expertos europeos, el uso del Fipronil vinculado al tratamiento de semillas de maíz y de girasol no representa ningún riesgo para las abejas que liban (chupan el néctar de esas plantas).

«Ningún efecto contrario relativo a la mortandad de abejas y su supervivencia fue observado en el conjunto de estudios llevados a cabo en laboratorio. Además, los expertos notaron que «no había ninguna evidencia convincente permitiendo atribuir la mortandad de abejas al uso del Fipronil, excepto en un caso aislado. El uso de Fipronil por ejemplo en el girasol era una excusa más bien de la AFSSA. Porque si el Fipronil no es nocivo, se supone, que los demás productos vinculados a las semillas tampoco lo son.

Hemos tomado Francia nada más como referencia por carecer de datos sobre la mortandad de las abejas en esa época en España. Un documento de Wikileaks revela un cable enviado en 2009 por la embajada de EE.UU en España, donde se sugiere que Washington debe construir una relación estrecha con Madrid para elaborar una estrategia en conjunto donde se impulse el desarrollo de cultivos de maíz Mon 810 en Europa.

Ocurre también que hay un fuerte interés mediático promovido precisamente por las multinacionales como Monsanto que producen todos los productos tóxicos que vuelven locas a las abejas, en que la verdad no se sepa. Y no se sabrá.

En efecto, todo hace pensar que este informe está a la altura del expediente relativo al escándalo de los pesticidas en Francia desde 1941. Y no digamos aunque parezca repetición lo que les ocurre a los apicultores en España y en los países Europeos. En Francia la conclusión es que “el expediente oficial de la apicultura apesta a mentira, apesta a corrupción, apesta a chanchullos, apesta a desinformación”. Y, por hoy, Diáspora deja el tema encallado en los Pirineos, mientas prepara mejor calzado para pasar por monte con la verdad a cuestas. Como en los días de Franco.



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Fuente:
http://ve.globedia.com/desaparicion-abeja-entranara-polen-flores-miel-hombre-profecia-einstein
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